
Halitosis es el término científico (médico) de "mal aliento". Se trata de olores que el ser humano percata como desagradables y que se desprenden de la cavidad oral. Estos olores constituyen un grupo de compuestos sulfúricos volátiles (CSV) como el sulfuro de hidrógeno y mercaptano de metilo (olor a huevos podridos).
Es posible medir científica y objetivamente los olores que originan de la cavidad oral, entre otros por medio de aparatos de medición adecuados a fin de registrar la concentración de moléculas sulfurosas. Técnicamente el límite entre un aliento fresco o malo está a más o menos 75 ppb (partes por billón).
De modo que las personas que producen un olor desagradable durante todo el día (fenómeno que su entorno percibe claramente) sufren de "halitosis" o "halitosis crónica".
Estudios científicos han demostrado que aproximadamente 30% de la población se queja de halitosis.
Si tienes un sabor fresco, ¿tienes también un olor fresco? Lamentablemente no. Puedes tener en la boca un agradable sabor a menta, mientras que tu colega percibe en tu aliento un desagradable olor a azufre. El sentido del olfato y el del gusto son dos sentidos totalmente diferentes casi como ver y oír.
No somos capaces de notar nuestro propio mal aliento soplando en las manos en forma de copa delante de la boca para así oler el aliento (lo único que olemos es el olor de nuestra mano). El cuerpo humano está "concebido" de tal manera que le es imposible percibir sus propios aromas. Es un proceso biológico llamado aclimatación, indispensable para permitirnos a oler en la naturaleza otras cosas que nosotros mismos. Hay algunos síntomas que generalmente indican la presencia de "halitosis" (mal aliento), los que abordamos en otro capítulo.